Abigarrada alma mía
Abigarrada alma mía que danza, con temor, cansada del aburrido sonido, de la cosecha de pena, del tiempo aplastante.
De la dulce caricia que se impregna en mi vista, de la sombra del enojo y de mis rincones húmedos, es mi placer momentáneo.
De la risa de siempre, del logro que duele, de la suave piel y de la oscuridad de lo que daña al cuerpo es mi entusiasmo, ya perdido por las noches.
Fuego azul de tu mirada, labios rosas de mi ser que por verdes pasillos rondan, clama al océano, al cielo, mientras yo simplemente, sigo esperando.
Mario Delosantos
